en
un tiempo ya olvidado
se
reunían dos pastores,
con
los perros y el ganado
marchando
con la cabrada
con
el zurrón y el cayado
hasta
las verdes dehesas
buscaban
el rico prado
y
el pastor va con las chivas
al
monte despreocupado.
Porque
sabe que le esperan
seres
queridos y amados
que
cuidaran la cosecha
en
terrenos cultivados,
y
limpian la cochinera
con
los puercos agobiados,
mientras
que en el gallinero
los
palos siguen manchados,
los
huevos de las gallinas
recogen
con mil cuidados.
La cabrada se despliega
por
el terreno pactado,
Las
Añadas, La Poveda,
San
Martín y por el vado
que
cruza el Arroyo Rama,
y
algún huerto no cercado.
Atardeciendo
ya llegan
hasta
aquel zoco empedrado
los
cabreros con su grey
tras
haberlas pastoreado.
Así
marchaban los días
en
esos tiempos pasados
respetando
a los mayores,
respetando
los legados
de
normas que las hicieron
unos
seres abnegados
al
buscar el bien común
entre
vecinos honrados,
compartiendo
sus esfuerzos
y
el agua de sus sembrados.
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