En la plaza Mayor de un pueblo de la sierra
la partida echa al mus en siesta y con calor
en sombreada mesa; trolero y charlador,
envida a grande tres y cuatro a pares cierra.
Sin mínimo rubor en la diatriba encierra
su jugada maestra, con cuento bullidor
y gracia zalamera deja al postre postor,
pasa, otro mete dos y el órdago no hierra.
Le gusta quitar mano, aunque no tenga ley,
sabe cómo abusar y cómo usar paciencia
y si las cartas no entran, corta con solo un rey.
Buen jugador de mus, de mentira hace esencia
y mientras ara con uno u otro buey,
derrocha dualidad y oculta inteligencia.
Y dice la sentencia:
En la guerra, en política y jugando a las cartas,
de envidar y engañar, ni te cansas ni te hartas.
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