Cuentan entre los serranos
que en los remotos albores
los primeros moradores
eran díscolos hermanos,
en parajes castellanos
discurrían sus peleas
por pueblos y las aldeas
de la zona les veían
las disputas que tenían
con tanta mala ralea.
con tanta mala ralea.
El padre encolerizado
una maldición hacía
a los tres desearía
estar lo más alejado,
y cada uno acompañado
de su propia vanidad
en días de claridad
cerca del cielo olvidados
como montes elevados
sentirán su soledad.
El mayor es el Moncayo,
el mediano es Ocejón,
aunque menos mocetón
atrayendo al veloz rayo,
a través y de soslayo
está el pequeño Alto Rey
los lugareños su ley
la aceptan de muy buen grado
los pastores con agrado
a él suben toda su grey.
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